Manuel Alejandro Sánchez-Fernández | Universidad Autónoma de Baja California

¿Cómo se nombran las plantas en pa ipai? Un viaje a sus raíces

México alberga una gran diversidad lingüística, conformada por al menos once familias lingüísticas, entre las cuales una de las menos conocidas es la familia yumana-cochimí. Su presencia se extiende desde los estados de Nevada, Arizona y California, en los Estados Unidos, hasta Baja California y Sonora, en México (Laylander, 1997). Se han identificado alrededor de 14 lenguas en esta familia y todas comparten una situación crítica de pérdida acelerada de hablantes y ausencia de transmisión intergeneracional (Moseley, 2010). Por mencionar uno de los casos con mayor vitalidad se encuentra el pa ipai, con apenas 20 a 30 hablantes en la comunidad de Santa Catarina (Ensenada, Baja California) (Sánchez-Fernández & Rojas-Berscia, 2016).

El territorio de los yumanos trasciende la frontera entre México y Estados Unidos, y es posible aún encontrar lazos culturales y lingüísticos. Por ejemplo, el pa ipai, que se habla en México, se parece a las lenguas yavapai, havasupai y hualapai, que se hablan en Estados Unidos, a varios cientos de kilómetros de distancia (Garduño, 2023). Sumada a su presencia en el territorio, se encuentra su presencia en los milenios. Los yumanos han habitado su territorio por más de 3 mil años, lo que deja ver una resistencia para sobrellevar los procesos de evangelización y colonización. Esta resistencia la lograron, entre otras razones, a partir de una notable capacidad para leer y nombrar un paisaje que, por su aspereza, no pudo ser arrasado por los colonizadores españoles (Álvarez de Williams, 2004). En este mosaico de sierras, desiertos, costas y cañadas, el acto de nombrar la naturaleza es una respetuosa forma de convivencia con una biodiversidad que contrasta con la mesoamericana.

En este texto, propongo atender un aspecto específico de esta posibilidad de nominación: cuáles son los bloques más básicos con los que se forman las palabras para nombrar las plantas en pa ipai. No busco reconstruir un pasado remoto ni elaborar una historia cultural, pero sí mostrar cómo el estudio etimológico podría ayudarnos a revelar fragmentos de memoria que aún permanecen en las palabras (Dakin, 2012).

Para explorar la etimología de los nombres para las plantas, me basaré en la aproximación metodológica y algunos resultados del trabajo “Propuesta metodológica para el análisis del vocabulario de plantas en la lengua pa ipai”(Sánchez Fernández, 2024). De acuerdo con este estudio, un primer paso consiste en determinar cuál es la forma fonológica mínima capaz de funcionar como palabra independiente, es decir, una unidad que ya puede emplearse para nombrar o referir algo sin requerir otros elementos. En el caso de las lenguas yumanas, la estructura más básica identificada corresponde al patrón CCVC, donde C representa consonante y V una vocal. Este hallazgo se apoya en los estudios pioneros de Margaret Langdon, una de las principales especialistas en la familia yumano-cochimí, quien observó que “la sílaba acentuada coincide con la raíz morfológica, cuya forma más común es CVC; cualquier secuencia más extensa resulta inmediatamente sospechosa de ser polimorfémica” (Langdon, 1975, p. 219).

Este patrón no implica que la estructura haya sido siempre así, pero sí ofrece un punto de partida observacional y comparativo. Por ejemplo, en pa ipai, la palabra jakañásh[1], se usa para nombrar la bebida del café. Por su estructura de múltiples sílabas, revela una estructura más compleja y probablemente más reciente. En contraste, el término ñaa, que designa ‘sol’, se ajusta a la forma más simple —y tal vez arcaica—, lo que sugiere una mayor antigüedad en el léxico básico de la lengua.

Figura 1

Distribución de los rangos de clasificación biológicos y su relación con unidades léxicas.

Nota. Tomado de Sánchez Fernández (2024).

Ahora bien, esta propuesta debe matizarse y ajustarse a la observación de un campo semántico en particular, y aquí es donde el campo de las plantas nos ayuda. Desde el punto de vista lingüístico, el campo semántico de las plantas tiende a ser uno de los más estables a lo largo del tiempo (Berlin, 1978). En el estudio de Sánchez Fernández (2024) se recopiló un corpus de 128 palabras pa ipai usadas como unidades de denominación para plantas. La lista se obtuvo de tres fuentes principales: Owen (1963), González (2011) y Cortés-Rodríguez (2013). A pesar de la distancia temporal —medio siglo de separación—, el corpus muestra estabilidad léxica. De acuerdo con Berlin (1978), los nombres de la naturaleza tienden a organizarse popularmente según rangos o niveles taxonómicos, los cuales son: reino, forma de vida, género, intermediarios, específica y variedad. Estos niveles van de lo general a lo particular, y muestran correspondencias formales en la estructura léxica de las palabras por su capacidad de categorización (Rosch, 1978) (ver figura 1).

El nivel más general corresponde a las Formas de Vida. En él predominan morfemas simples o raíces monosilábicas que condensan significados amplios como planta, árbol o hierba. En pa ipai, encontramos, por ejemplo, la forma iwíl, usada para designar ‘árbol’, y ʔiʔí, empleada para ‘planta’.

En el nivel Genérico (genus), se observan palabras de estructura fonológica básica que actúan como unidades léxicas mínimas y estables. Ejemplos en pa ipai de este tipo son lab ‘nopal’ (Opuntia phaecantha)[1] y kxo ‘pino piñonero’ (Pinus monophylla), ambas autosuficientes y base para la formación de denominaciones más específicas. En este punto, la forma ʔiʔí, con el significado de ‘planta, rama o palo’, reaparece en el corpus como ʔiʔ- o ʔi- cuando se combina con otras raíces léxicas.

En el nivel Específico, las palabras se conforman como compuestos léxicos —como en español mesa-banco— que incorporan un segundo elemento destinado a precisar un rasgo perceptual, como el color, la textura o la forma. Un ejemplo es ʔiʔkwás ‘chamizo colorado’ (Adenostema sparsifolium), en el cual el prefijo ʔiʔ- significa ‘palo, planta’ y kwas‘amarillo’ delimita la especie. Nótese que, aunque en español el referente se conoce como chamizo colorado, la denominación pa ipai alude al color amarillo. Otro caso ilustrativo es ʔiwíltát ‘bachata’ (Chorizanthe fimbriata), conformado por ʔiwíl ‘árbol’ o ‘arbusto’ y tat ‘con muchas espinas’.

Tabla 1

Nombres de las partes de una planta o árbol en pa ipai.

Nota. Tomado de Sánchez Fernández (2024).

Finalmente, en los niveles de Variedad e Intermedio, las denominaciones recurren a extensiones derivativas, metafóricas o metonímicas, donde las palabras se combinan con otras y evocan semejanzas con animales, partes del cuerpo u objetos (Sánchez Fernández, 2024, p. 373). Estos se ilustran en jatmách ‘higuerilla’ (Ricinus communis), palabra que comparte su forma con el término para hacer referencia al insecto garrapata (jat ‘perro’ + mách ‘comido’, lit. los que comen perro). El parecido semántico se origina en la forma del fruto, cuyas pequeñas esferas adherentes evocan el comportamiento del insecto, lo que podría tratarse de una nominación por metáfora. En el caso de la metonimia, un ejemplo sucede en el dominio de los frutos y árboles, donde el nombre del árbol pasa a designar su producto comestible —un tipo de relación árbol por el fruto. Dos ejemplos notables son kxo ‘piñón’, (también ‘pino’) y j’wil ‘bellota dulce’ (también ‘encino’). En ambos casos, la misma unidad léxica nombra tanto al árbol como al fruto.

En este punto es tentador suponer que las partes que se consideran básicas de una planta se tratarían como palabras básicas, sin embargo, no parece ser el caso. Pueden examinar la siguiente tabla (1) y la figura 2, en donde se colocan los nombres de las partes de un árbol.

Figura 2

Partes de un árbol iwíl. El término también puede ser usado para un arbusto.

Nota. Diseñado por la artista bajacaliforniana Myosotis Alpestris a petición del autor de este trabajo.

Podemos observar que no todas las partes corresponden a una estructura silábica básica, sumado a que en el estudio no se encontró que esas formas aparecieran repetidas en otras partes de palabras de las plantas.

Dado lo anterior, el método permitió hacer emerger ciertas formas que parecen constituir los bloques básicos del vocabulario. El caso más claro es el de ʔiʔí y ʔiwíl. El primero puede abarcar desde la rama delgada hasta el conjunto del Reino vegetal. Esta amplitud semántica lo convierte en un morfema excepcional, ya que la mayoría de las lenguas no cuentan con una palabra única para designar el nivel de reino. De ʔiʔí deriva ʔiwíl. De acuerdo con Joël (1976), esta palabra proviene de la combinación ʔiʔí ‘palo’ + wíl ‘duro’ (en protoyumano), lo cual permite interpretarlo como ‘rama dura’ y un subtipo taxonómico de ʔiʔí. El corpus también permitió identificar otras raíces: tat expresa con muchas espinas’, mientras que mat puede referirse a ‘tierra’ o ‘cuerpo’, dependiendo del contexto. Estas formas, junto con otras aún por comprobar —como chm, tal o kay—, nos dan pista de la existencia de unidades mínimas de significado que podrían estar asociadas a rasgos perceptivos como dureza, textura o forma.

Aunque falta corroborar estos resultados con hablantes actuales y ampliar el análisis a otras lenguas yumanas, el estudio ya permite observar que las palabras pa ipai no son nombres arbitrarios, sino piezas de un sistema fonológico-semántico que refleja una memoria lingüística compartida. En estas formas breves —ʔiʔí, ʔiwíl, tat, mat— persisten rastros de una lógica ancestral con la que los pa ipai nombraron, comprendieron y clasificaron la naturaleza bajacaliforniana.

[1] Se usará un sistema ortográfico provisional descrito en Sánchez-Fernández et al. (2023).

Referencias

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COMO CITAR: Sánchez Fernández, M. A. (2026). ¿Cómo se nombran las plantas en pa ipai? Un viaje a sus raíces. Entre Lingüistas, 1, 1–5.

Dr. Manuel Alejandro Sánchez-Fernández

Universidad Autónoma de Baja California

Doctor en lingüística por El Colegio de México. Profesor-investigador de tiempo completo adscrito a la Licenciatura en Docencia de la lengua y la literatura de la Facultad de Pedagogía e Innovación Educativa de la UABC; forma parte del SNII (SECIHTI) y cuenta con el Perfil PRODEP (SEP). Sus líneas de investigación son la lingüística de corpus, lingüística descriptivo funcional de lenguas minoritarias y la enseñanza de la diversidad lingüística.